ACOMPÁÑANOS EN NUESTROS VIAJES

20 abr. 2010

PIRINEO ARAGONÉS y COSTA CANTÁBRICA julio 2009. 2


Sábado 18 de Julio



Todos nos levantamos mas tarde, sin prisas, desayuno tranquilo y poco a poco se fue formando tertulia mañanera en la plaza del Camporrotuno a propósito de la autocaravana con la gente del pueblo y alguno que venía de fin de semana. Tomás, a mi sugerencia, me ayudó a llenar agua en el depósito desde su casa y así con el deposito de limpia lleno, nos despedimos de esta encantadora gente. A la salida de Aínsa, vi una gasolinera amplia que tenía una manguera de lavado y su correspondiente enrejillado para recoger el agua, lo que aproveché para vaciar las grises y así subir hasta Pineta en las condiciones ideales tranquila y apaciblemente, parando y haciendo fotos por el camino, paisajes siempre espectaculares.

Carretera de subida desde Bielsa a Pineta

La subida desde Bielsa es única a pesar del primer tramo a la salida del pueblo, estrecha y revirada. A la llegada al aparcamiento de Pineta, (bien señalizado) nos dimos cuenta que estábamos en Julio y era sábado, mogollón general. Paramos y buscamos un sitio caminando y nos percatamos de lo siguiente: Somos “urbanitas” y si venimos al monte desde una gran ciudad en verano, vamos como locos buscando la sombra. Pero resulta que estamos en Pirineos y en una cota muy alta, por lo que no es, ni por asomo, como si estuviésemos buscando un emplazamiento en una playa del Mediterráneo, así pues, debajo y alrededor de todo árbol viviente, era imposible encontrar un hueco por lo que nos resultó mas fácil fijarnos en un sitio despejado y tranquilo “a pleno sol” junto al río.

Poco antes de llegar al aparcamiento

Sin pretenderlo fue un acierto pleno. El calor no molestaba en absoluto y además teníamos todo el esplendoroso paisaje a la vista y casi sin vecinos. Por la noche podíamos estar en el interior de la auto sin encender las luces hasta muy tarde, gracias a las enormes claraboyas del techo, aquí continuamos disfrutando de ellas, confirmándonos, que en ése sentido habíamos acertado en su elección cuando la visitamos en el concesionario y por otra parte tuvimos la posibilidad de estrenar el toldo entre la auto y el río con amplitud y tranquilidad. Fantástico.
Cuidado con el toldo y las rachas de viento imprevistas.
Nos acordamos que hoy hace justo un año, estábamos firmando como avalistas la hipoteca de nuestro hijo Adrián por no sé cuantísimos años. Las vueltas que da la vida. Ni por asomo nos imaginábamos ésta otra situación a la vuelta de un año.

Domingo 19 de Julio



Pasamos todo el día en Pineta. Salimos a caminar por el sendero que asciende por el Parque Natural con el otro protagonista del viaje, Rufo nuestra mascota,¿ quién le iba a decir a él también que a los dieciséis años de encontrarle perdido por una urbanización de Alicante, se iba a encontrar con estos paisajes viajando como un rey en una autocaravana ¿…. Vida de perros?.


Como siempre nos sucede, cuando nos encontramos en algún sitio rodeado de autocaravanas y caravanas, no podemos remediar el acordarnos de nuestra querida caravana ADRIA, que nos la “birlaron” hace justo dos años, e inevitablemente nos damos un paseo repasando visualmente todas las que se encuentran acampadas, por si acaso. Así es la vida.


La estancia en Pineta fue fantástica. El entorno único, el lugar de acampada ideal, además es un sitio lo suficientemente extenso para que aún a pesar de estar muy lleno, no existe la menor sensación de aglomeración. Sentados en el exterior, entre la AC y el río, con los prismáticos podíamos observar tranquilamente los sárrios que se movían en total libertad por los picachos y canchales que teníamos enfrente y también observar la subida al Balcón de Pineta, exigente ruta que ya hicimos diez años atrás.

La acampada está regulada y vigilada; mas regulada que vigilada, 5 € por vehículo y 2,40 € por persona y día, muy bien.

Lunes 20 de Julio

Nos ponemos en marcha con intención de continuar hacia otros valles, pero antes, aprovechamos la zona de vaciado y carga habilitada en la zona, detalle fantástico y bien resuelto teniendo en cuenta, además, que el “cobrador del frac” no nos visitó la última noche…….. mejor imposible.


En la bajada paramos en Bielsa para hacer compras y repostamos ya en la carretera hacia Aínsa con un control policial incluido, ( la frontera con Francia está muy cerca ).



   Nuestra intención era caminar hacia el País Vasco, visitando lo que nos apeteciese en cada momento, intentando optimizar al máximo la independencia de viajar en autocaravana. Salimos hacia el Oeste, parando en Boltaña para fotografiar desde la carretera, que hasta allí, es amplia con buen asfalto y llana, pero pasando unos túneles se convierte en otro mundo. Eternos arreglos que nunca se terminan.

Arriba a la derecha se observa los restos de Jánovas

Pasado un fuerte recoveco en subida y girando a la derecha, vemos una pequeña zona de aparcamiento, en donde apenas cabe la AC, pero se encuentra a nuestra izquierda, sin embargo al circular tan despacio no supone ningún peligro cruzar y detenernos para contemplar el valle del río Ara. En ése mirador se expone un tema vergonzoso que por repetido no deja de sobrecoger. Las injusticias pendientes de resolver en nuestro país, que se dejan a que el paso del tiempo los resuelva por olvido o cansancio. Pero allí, los que todavía lo sufren, se han encargado de recordarnos a todos los que pasamos la situación pendiente de los pueblos de Jánovas y otros dos que no recuerdo el nombre, expropiados para la ejecución de una presa y que después de ser abandonado dicho proyecto por inviable…. o vete tú a saber por qué….se quedan sin pueblo, sin indemnizaciones, pleiteando constantemente, cuarenta años así ¡Que gratificante!. Han puesto a modo de hornacina unos paneles para que la memoria de estos pueblos y su historia no se olvide. Por esto y por el entorno, merece la pena detenerse, además hay un sendero que cruzando el río llega hasta Jánovas.

Otra vista del pueblo desde la carretera

Continuamos por esa endiablada carretera en dirección a Broto. Curvas estrechísimas, ( con “La Milonguera” mas estrechas todavía ), bastante circulación, pero sobre todo de los camiones de las obras que cruzaban de frente y que “pasan de ti” obligándome a parar constantemente, ya que ellos supongo, van a destajo, cobrando por viajes. Además un todo-terreno con caravana grande le veo acercarse a una velocidad nada recomendable, se pega a la trasera y no da opción a que encuentre algún pequeño ensanche para dejarle pasar, se lanza como un poseso y me adelanta sin miramientos, dando unos bandazos la caravana impresionantes…… no sé que les puede pasar por la cabeza a algunos….a lo mejor es que le iban a quitar la plaza del camping ¿?? Increíble, y luego dicen que pasan cosas.

Me paré en la subida a Torla, aparte de hacer fotos, sentía la necesidad de sosegarme con la conducción. Me daba cuenta que todavía son pocos kilómetros y las medidas de la AC aún me podían.

Broto

Teníamos decidido de antemano no pasar por Ordesa, que ya hemos visitado en otras ocasiones y los meses de Julio y Agosto no son los más recomendables.

Seguimos por el puerto de Cotefablo parando a comer en lo alto, antes del túnel que inicia la bajada; “jartá de curvas” en la subida y aún mas en la bajada hasta Biescas, pero aprendes a ir tranquilo, el entorno casi te lo exige y así disfrutas de la conducción, que en cuestión de frenos, estos puertos, descendiendo son muy puñeteros.

En lo alto del puerto de Cotefablo

Decidimos subir al balneario de Panticosa, que no conocíamos, pensando en el aparcamiento que ya había oído comentar como un sitio factible para pernoctar. Carretera fantástica en comparación con todo lo que dejamos atrás y ahí fue donde nuevamente se nos paró el motor… la misma operación, desconectar el motor y volver a arrancar en marcha antes de que se detenga. Con una sensación de contrariedad contenida seguimos sin darle más importancia.

Pantano de Búbal
Cuando viajas sin mayor información previa de los lugares y sin premuras de tiempo te dejas sorprender por los paisajes imprevistos; después de una fuerte subida aparece de súbito un enorme embalse que rodeado de todo el esplendor de los Pirineos te produce una sensación de placentera admiración. Sin pensarlo me arrimo a un desvío que allí mismo aparece con la intención de contemplar aquel regalo y nos damos cuenta que es la carretera que llega hasta la cabecera de ése pantano, el pantano de Búbal, y a un pueblo que se llama La Hoz de Jaca, pues allí que nos dirigimos, encontrándonos con una estrechísima calzada que atraviesa un túnel en curva sin iluminación y en la salida, cruzando entre dos “tajos”, la calzada que pasa al otro lado del pantano.



Impresionante a la izquierda con el enorme embalse, e impresionante a la derecha, con el no menos impresionante cortado a pico en la montaña por donde se alivia el excedente del pantano; nos paramos para hacer fotos y deleitarnos con el entorno. Seguimos un poco por esa calzada pero enseguida nos damos cuenta que prácticamente solo cabe un vehículo y que las curvas empiezan a ser endiabladas. Según circulamos no veo la posibilidad de dar la vuelta en el supuesto de que no pudiese continuar mas adelante, y así transcurren unos cientos de metros algo angustiosos hasta que veo la entrada a un camino forestal y decido intentar dar la vuelta ahí mismo. Flor se puso a la salida de la curva por si venía alguien y yo exprimo toda la sabiduría acumulada hasta entonces para maniobrar en semejante estrechez. Mil vueltas de volante para un lado y para el otro hasta que por fin lo consigo, me vuelvo a detener para coger resuello y de paso seguir fotografiando porque es lo que tienen estos caminos, a la ida ves mil fotos y a la vuelta por el mismo sitio otras mil diferentes.

 Volvemos a la general por el mismo túnel y enseguida nos encontramos con el pueblo que da nombre al embalse, Búbal, muy llamativo desde la carretera por lo que paramos en un buen sitio y nos informamos de que se trata de un pueblo abandonado y recuperado por alguna entidad oficial con fines sociales y educativos. Decidimos visitarlo tranquilamente pero advertían a la entrada que hay perros sueltos y que no se debía molestar las actividades que allí se realizan, y efectivamente, enseguida “nos localizaron” varios bichos enormes que no debieron gustarles la pinta que tenía nuestro abuelo viajero, “Rufo”. No tuvimos mas remedio que dejar la visita para otra ocasión, así pues continuamos la marcha y antes de recorrer un par de kilómetros nos topamos con un área de descanso que resultó ser una gozada. Junto al pantano, muy bien acondicionada y rodeados de aquel majestuoso entorno de montañas, resulta un lugar para detenerse casi obligatorio. Nos relajamos durante un buen rato contemplando aquel entorno precioso y tranquilo.

Búbal: pueblo abandonado y posteriormente recuperado 
 El tiempo empezó a estropearse apareciendo enormes nubarrones cubriendo las cimas de las montañas y en cuento empezó a chispear un poquito decidimos que era el momento de seguir la ruta. La primera vez que nos llovía con la auto, pero que bien la recibimos después de éste día tan bochornoso y con tantas incidencias. Seguimos pues hasta el pueblo de Panticosa y encontramos muy bien indicada la subida hasta el balneario que en el momento en que abandonas la entrada al pueblo, aquello se empina de una manera muy notable. Cambió todo. Llovía con fuerza, la carretera con muy mal firme se empieza a elevar dejando muy abajo los valles que se adivinan entre la cortina de  lluvia y luego el encajonamiento entre enormes “farallones” que se elevan hasta las nubes que ya casi vamos rozando. Oscuridad. Espectacular la subida, pero sin circulación ni calor y a pesar de las curvas tipo “siete revueltas” a mí me resultó placentera, no así a Flor, que se sintió un poco amedrentada por la influencia del entorno que ciertamente se mostraba salvaje.

La llegada en un principio nos resultó decepcionante, por la cantidad de obras que hay a la entrada, pero enseguida se accede a una enorme explanada junto a un lago y a un bosque de pinos enormes, muy altos, por donde se adivinaba muy al fondo todas las construcciones del balneario. Dada la amplitud del lugar, la llovizna que no dejaba de caer, la falta de luz por la hora que era, nos causó la sensación de estar en un entorno como si de un cuento de hadas se tratase. Disfrutando de aquello, dimos varias vueltas para encontrar un sitio donde poder pasar la noche, muy alejadas unas de otras, nos encontramos dos autocaravanas con aparente intención de pasar allí la noche. Nos acercamos a una con matrícula española que además era de la misma marca que la nuestra, la otra era francesa,  sin bajarnos del auto desde las ventanas les preguntamos que si habían tenido algún problema para pernoctar allí; nos comentó con un evidente acento vasco: .... -vinimos a la mañana y nadie nos ha dicho nada, pensamos dormir aquí-.Pues nada, estupendo, encontramos un lugar apropiado, tranquilo, alejado de la calzada, llano, inmersos en el enorme bosque de pinos y disfrutando de la lluvia que no había dejado de caer. Son esos momentos con los que se sueña. Nadie a nuestro alrededor, con todas las ventanas abiertas, conseguimos tener la sensación de estar totalmente sumergidos en el campo, pero sin mojarnos porque no dejó de llover en todo el tiempo. Así permanecimos durante un buen rato, dejando que el entorno se nos metiese por los sentidos. Cuando reaccionamos, decidimos dar un pequeño paseo por los alrededores antes de preparar la cena y llamar a casa, sobre todo para darles envidia del sitio donde estábamos y de la temperatura que disfrutábamos puesto que en Madrid se estaban literalmente “friendo”.

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