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30 dic. 2010

NORMANDÍA Y LA BRETAÑA (8) OMAHA BEACH


Martes 17 agosto 2010

  Dejamos atrás Longues Sur Mer y continuamos por esta misma carretera en donde a unos veinte kilómetros  mas adelante se encuentra la localidad de Coleville-Sur-Mer, epicentro de varios lugares tan significativos como Omaha Beach, Point Du Hoc y el cementerio americano.


  Transitando por esta carretera local, ( D514 Route D’omaha beach ) encontramos pequeñas localidades que sufrieron muy directamente los rigores de la guerra por encontrarse en primera línea del desembarco y frecuentemente muestran enormes fotografías antiguas junto a ciertos monumentos comparándolas con el destrozo que sufrieron aquellos días.



  Al pasar por el pueblecito de Ste. Honorine Des Pertes, en el gps aparece el icono de un área de autocaravanas junto a la misma carretera, por lo que antes de continuar hacia Coleville-Sur-Mer decidimos parar a conocerla, entrando en ella con la auto nos gustó mucho. Un área muy amplia, prado verde, se veía tranquila y 5 € con todos los servicios; decidimos que vendríamos a pernoctar aquí después de visitar Omaha Beach . ( N 49º 21.566, W 0º 50.533 )


  Cerca ya de Coleville, aparecen continuas indicaciones por lo que no es difícil llegar hasta ella. La carretera desde el pueblo es muy estrecha y con bastantes curvas, inmersa en un denso bosque hasta que se despeja y se accede al aparcamiento junto a la playa, en donde lo primero que se encuentra es una señal clarísima de prohibida la pernocta a las autocaravanas e incluso el aparcamiento de éstas a partir de una rotonda. Vimos a varias dando la vuelta sin detenerse. No tuvimos mas remedio que pararnos en el arcén de hierba que da acceso a todo este complejo. N 49º 21.566’ y W 0º 50.533’’.


  Omaha beach, en su estado actual y en una tarde de verano con niños correteando por la arena de la marea baja, y  sin el menor resto de cañones o cosas por el estilo, es muy difícil hacerse una idea de la enorme sangría que aquí se produjo el 6 de Junio de 1944.   


  Existe, como no, un memorial conmemorativo, aunque no lo visitamos porque era tarde, aún así, no tenemos un excesivo interés en visitar estos lugares que se extienden con tanta profusión y que sin duda son muy interesantes, históricamente hablando. Así pues fuimos paseando con tranquilidad  por estas dunas  que se elevan desde la misma playa hasta un bosque en donde está ubicado el cementerio americano y que si no fuese porque de vez en cuando aparecen los restos de un bunker o algún monumento con las inscripciones de los cientos y cientos de fallecidos en estas arenas sería difícil imaginar  lo que aquí sucedió hace 66 años.


   Fue un paseo silencioso. Había muy poca gente y los momentos en que nos deteníamos a descansar sentándonos a contemplar el mar a lo lejos en una tarde tan gris. No podía evitar ponerme en situación imaginándome que ahí mismo, donde depositaba la mirada, en una duna tras otra, se produjo tantísimo sufrimiento en tampoco espacio de tiempo.


  Es la historia mas reciente. Para bien o para mal aquí sucedió y supuso el cambio de rumbo en la contienda mundial que a su vez, en opinión de muchos historiadores, fue el inicio de la supremacía económica, militar y política de Los Estados Unidos en el nuevo escenario mundial al término del gran conflicto. Y como siempre, los que se dejaron el pellejo en el intento fueron “los soldaditos de plomo”. Muy  ensalzados, glorificados y condecorados pero en definitiva, allí se quedaron.


Al regresar al área vemos que sigue muy despejada y nos situamos cómodamente y con amplitud. Me sorprendió el dueño del área porque cuando fui a pagar la pernocta ya nos tenía apuntada la matrícula, a mano, en un cuadernillo de notas encima de una de las mesas del bar que regentaba a la entrada del área. Un paisano muy dicharachero, con ganas de charlar, preguntándonos de donde veníamos, de donde éramos e interesándose por cosas sobre España porque él conocía algo de Ciudad Real cuando años atrás venía a cazar, pero nos dijo que lo tuvo que dejar por lo caro que se puso.


  Allí mismo me acordé del tema del cable de la luz y le pregunté si tenían acoples o suplementos que me pudiesen servir para poder enchufarnos. Con la dificultad del idioma para hacerme entender y su vivo interés en responder a nuestro problema, me indicó un taller mecánico que existía junto a la gasolinera de la entrada al área. ¡Ah! y que dijese que iba de su parte. Que amables. No tuve que esforzarme mucho, enseguida sacaron un acople para prestármelo durante el tiempo que lo necesitase. Al final, casi me dio rabia no necesitarlo porque cuando regreso a la autocaravana para conectarla, compruebo que el enchufe es como el de mi casa, español genuino de dos agujeros. ¡Que maravilla! En un prado verde, con luz, sin estrecheces, tranquilidad absoluta, y por 5 €.


  Antes de cenar vemos llegar una autocaravana que nos ocasionó tal impresión que no tuve mas remedio que coger la cámara de fotos para inmortalizarla en nuestros recuerdos. Una transformación derivada de un camión. Impresionante, y además preciosa, porque en otras ocasiones hemos visto grandes “trastos” pero ésta era todo un ejercicio de buen gusto, italianos claro, un matrimonio y su motaco,  solo con ésta, se puede recorrer Europa de arriba abajo. 


Mientras maniobraban me acerqué junto a la mujer  con la idea de pedirle permiso para fotografiarles, entablamos una amable conversación a propósito de su “aeronave”. En italiano no es difícil entenderse.
SIGUIENTE ENTRADA: Cementerio americano Coleville sur Mer


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