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27 ene. 2011

NORMANDÍA Y LA BRETAÑA (13) MONT SAINT MICHEL



JUEVES 19 AGOSTO 2010

  Y entonces se produjo otro de los momentos mágicos de todo el viaje. De repente la silueta lejana y solitaria  del Mont St. Michel,  a ras del horizonte  desdibujada por el efecto del sol apoyado en la línea del  mar por detrás de su espectacular figura creaba un efecto absolutamente impactante. Es una visión única. Conforme avanzábamos por aquella carretera comarcal, la abadía se yergue cada vez mas imponente como envuelta en un halo de misterio acrecentado por el contraluz del atardecer. En marcha, la cámara de fotos de la copiloto echaba humo, cada curva nos parecía una foto mejor que la anterior.

  Se nos olvidó de golpe un cierto prejuicio que traíamos sobre las enormes aglomeraciones de turismo que se concentran en éste sitio. Sin embargo todo fue bastante mágico.


  Además tuvimos la suerte que había bajamar, el aparcamiento de autocaravanas se podía utilizar en su totalidad y a pesar de las muchas, pero muchas autocaravanas estacionadas, solo tuvimos que dar unas pocas vueltas para situarnos sin ningún problema. Entre un francés y un italiano nos detuvimos después de un día con muchos kilómetros a la espalda, pero la imagen que teníamos enfrente nos lanzó fuera de la auto con las cámaras en ristre a captar todas las instantáneas posibles antes de que anocheciese del todo.


  
  Cuando entramos en el aparcamiento ( 20,30 h. ) ya no había nadie para cobrarnos la pernocta, aún así las barreras se encontraban abiertas; me bajé a indagar como se abonaba la estancia, pero no había ningún sistema de pago a la vista y seguían entrando autocaravanas y turismos. Supuse que de alguna manera ya vendrían a cobrar al día siguiente.


  Cenamos rápido con la intención de salir a conocer la abadía por la noche y efectivamente fue todo un acierto. Sin las aglomeraciones diurnas y sobre todo con el Mont St. Michel iluminado es como verdaderamente se disfruta  de su porte majestuoso. Según caminábamos hacia la puerta, se producían miles y miles de “flasazos”   desde todos los ángulos posibles del aparcamiento y desde todas las distancias hasta  el recinto amurallado. Era otro espectáculo añadido. 


  Caminar de noche por sus callejuelas angostas y empinadas mientras subíamos, con las tiendas cerradas,   escaleras y pasadizos estrechos, solo con la luz de las farolas en las fachadas, ofrece una visión más auténtica de este lugar único de la Edad Media. Creo recordar que a las once de la noche era el último pase para poder visitarla por dentro, 18 € por persona y según a qué horas, con guía en nuestro idioma.


  Sentados en un jardín casi sin luz, solo con los focos que iluminan la parte alta de los pináculos, la humedad del mar que nos rodea por todas partes aunque no lo vemos, algún pequeño grupo de turistas que hablan en japonés en alemán o en español caminando despacio y conteniendo el volumen de las voces, te sitúan fácilmente en otra época entre tanta piedra oscura y fría. Una pasada. Bien merece la pena tantos kilómetros hasta aquí...... y si es en autocaravana, mucho mejor.


VIERNES 20 AGOSTO 2010

  Antes de desayunar veo mucho movimiento entre las autocaravanas y localizo otro sitio mejor situado para tener de frente el monte, rápidamente nos colocamos en un hueco idóneo para disfrutar las mejores vistas desde el interior del “apartamento”.


  Son las ocho de la mañana y nada mas detenernos suena en la puerta: “tóc, tóc,  “bons jours monsieur” “s'il te plaît, ce sont dix euros”, Pues sí, 10 € la noche, sin ningún servicio ni prestación, solo la pernocta. ¡Vaya negocio tienen montado aquí los gabachos con el tema del aparcamiento!. Un cálculo rápido viendo la ingente cantidad de autocaravanas que pasan una noche, más los turismos que están constantemente entrando y saliendo durante todo el día y que les cobran 5 €  por aparcar…… Impresionantes ingresos diarios.


  A pesar de que el día amanece plomizo, la temperatura es muy buena y el ánimo mejor. Bien descansados, nos dirigimos a dar toda la vuelta al promontorio por el exterior, ocasión que hay que aprovechar cuando la marea se encuentra tan baja como hoy, no obstante, siempre hay que observar varios factores de riesgo. Estar atentos a los horarios de las mareas y no alejarse nunca, caminando solos, por la enorme extensión de la bahía ya que existe el peligro de las arenas movedizas. Teniendo estas precauciones no hay ningún problema en recorrer el extramuros de la abadía y descubrir su cara oculta, resulta un paseo muy recomendable.


  Cuando comenzamos el periplo por las arenas húmedas nos fijamos en las ingentes cantidades de turistas que salen a borbotones de autocares y vehículos particulares. Nos dio por pensar si no se hundiría el monte con tanto “guiri”, menos mal que íbamos por fuera. 


   Nos encantó la circunvalación del Mont S. Michel andando por la bahía que tarde o temprano estaría inundada por el mar. Una brisa constante nos acompañó todo el tiempo, tuvimos la sensación de encontrarnos en un lugar que  pertenecía a las olas y no a nosotros simples humanos.


UN PARÉNTESIS CON UN POCO DE HISTORIA de Moint Saint Michel  que es interesante.

Los druidas
Algunas tribus célticas ocuparon el bosque de Scissy en los alrededores del monte Saint-Michel y se acercaban a él para entregarse a sus cultos druídicos. Según el abad Gil Deric, historiador bretón del siglo XVIII, el peñasco fue dedicado bajo el nombre de "Mi vel Tumba Beneni", "Monte o Tumba de Belenus", el dios galo del sol. En estos tiempos ya existía un gran megalito, y los galos emplazaron un cementerio a su alrededor



Los romanos
Los romanos lo denominaron Puerto Hércules. y con su llegada provocaron la construcción de vías romanas que surcaban la Armórica, y una de ellas, que unía Dolo con Fanarfmers, pasaba al oeste de Mons Belonus; sin embargo, debió de resultar desplazada hacia el este con la invasión del mar, que acabó por hacerla desaparecer, uniéndose con la vía que pasa por Avranches.


  


Comienzos de la era cristiana
El cristianismo hizo su aparición en Armórica hacia el siglo IV.
El primer oratorio, dedicado a San Esteban, fue elevado a media altura en el Monte Tumba. Luego el segundo en honor de San Sinforiano (el primer mártir de las Varas) se erigió al pie del peñasco, de estilo merovingio. Unos ermitaños velaban sobre los lugares y eran abastecidos por el cura de Astériac (Beauvoir).
Los orígenes de la abadía actual deben situarse en torno a los siglos VIII o IX. Según la leyenda, en 708, un obispo de Avranches llamado Aubert habría construido un oratorio dedicado al arcángel San Miguel, tras habérselo pedido personalmente el arcángel en tres apariciones sucesivas. ¡¡¡Buenoooooo....!!!


Fundación de la abadía benedictina en el año 966
El Monte Sn. Miguel, mapa con descripción histórica bilingüe, en latín y en francés, que recoge este punto de la historia (año 960) en que interviene Ricardo I (Richardus primus dux Normaniæ), grabado a fines del s. XVIII o a principios del s. XIX. La tipografía sugiere que es del s. XVIII.

El reinado de Carlomagno aportó a Neustria una era de estabilidad, que terminó con la muerte del Emperador, dando lugar a un período de anarquía y de grandes desórdenes, particularmente con las invasiones de los normandos, especialmente Rollon que devastó la región en 875.

El tratado de Saint-Clair-sur-Epte (912) le dio a Rollon la legitimidad, elevándolo en calidad de conde de Ruán, con la condición de convertirse al cristianismo. Tras este hecho, reparó el mal que había causado en el momento de sus pillajes y compensó ricamente a los monjes que había ahuyentado.Su hijo, Guillermo Longue-Épée, le sucedió en 917 y fue igual de generoso con los monasterios, hasta su asesinato en 942.Su nieto, Ricardo I "Sin Miedo", se indignó en el momento de sus peregrinaciones frecuentes al Monte por la pasividad de los canónigos que delegaban su culto a pasantes asalariados. Obtuvo entonces del papa Juan XIII un permiso a través del cual se consagró en la autoridad para poner orden.

En los subterráneos de la abadía se han encontrado restos megalíticos de los celtas.
En el siglo XI sólo había una cincuentena de monjes, que son los encargados de construir albergues para los peregrinos.


Siglo XIII

En 1204, guerreros bretones dirigidos por Guido de Thouars incendiaron el Monte Saint-Michel. El rey Felipe Augusto II dio una buena cantidad de dinero para la reconstrucción del monasterio. El nuevo monasterio de la Maravilla fue terminado en 1228 en estilo normando. En este siglo, las luchas entre bretones, normandos e ingleses provocaron la destrucción de los albergues, lo que da lugar a que se fortifique el enclave para que no vuelva a ocurrir.


Las prisiones de la abadía
En 1791, los últimos benedictinos dejan la abadía a consecuencia de la Revolución francesa. Se hace entonces una prisión donde son encarcelados, desde 1793, más de 300 sacerdotes que niegan la nueva constitución civil del clero.
Un dispositivo de telégrafo óptico (sistema de Chappe) estuvo instalado sobre la cumbre del campanario en 1794, haciendo así del Monte Saint-Michel un eslabón de la línea telegráfica París-Brest.
En 1817, en respuesta a las numerosas modificaciones efectuadas por la administración penitenciaria, se procede a la demolición de la hostería edificada por Robert de Torigni.
Viollet-le-Duc visita el monte en 1835.
Después de la detención de los socialistas (Martín Bernard, Barbès y Auguste Blanqui) en el Monte, varios artistas, entre ellos Víctor Hugo, denuncian la abadía-prisión pidiendo su cierre inmediato.
Por fin, la prisión fue cerrada en 1863 en respuesta a un decreto imperial de Napoleón III.


  Al entrar nuevamente por el antiguo portón amurallado vimos la magnitud de visitantes que soporta estoicamente esta mini ciudad medieval. Merece la peca recorrer el camino que discurre por lo alto de la muralla, nada mas entrar, subiendo a la derecha, porque hay menos gente y porque las vistas son inmejorables.


No fue nada fácil hacer esta foto sin gente delante, todo un ejercicio de paciencia.
Nos fuimos a comer a la autocaravana y decidimos tomarnos la tarde con un descanso bien merecido. 


Vistas desde el salón de nuestro apartamento.
  Resulta muy placentero sentarse junto a la puerta “del hotel”con las inmejorables vistas del monte que habíamos conseguido. También pasear con tranquilidad por los alrededores mas alejados de St. Michel. Los espacios tan amplios contribuyen a sentirte plácidamente relajado.


  Y como todo no iba a ser perfecto, se nos acabó la bombona grande de propano. La cambié por la pequeñita que ya estaba empezada rogando por que tuviésemos suficiente, aún nos quedaban algunos días de vacaciones para volver a casa.Las bombonas que llevamos son de Repsol y en Francia son otra marca y no las cambian, así que a rezar.


SIGUIENTE ENTRADA: SAINT MALO



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