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11 jun. 2010

LISBOA y ALREDEDORES. Semana Santa 2010 . (1)






PORTUGAL
SEMANA SANTA 2010


Jueves 1 de Abril


    Se nos echó el tiempo encima y no pudimos salir el miércoles como era nuestra intención, últimamente estoy convencido que en las operaciones salidas y entradas de los puentes y vacaciones durante los últimos años, los días “calientes”, se han convertido en los mejores para circular ya que son los que todo el mundo evita. Y así nos sucedió.

 El miércoles Santo por la tarde hubo poquísima circulación de salida en todas las carreteras de Madrid, sin embargo el jueves por la mañana y debido a nuestro imprevisto, no tuvimos mas remedio que ponernos en marcha con todos los madrileños a la vez y bien juntitos para no perder la costumbre. Resultado: dejamos el  parking a las 10:30, vamos por la M-50 y la N-V  y cuando nos detuvimos a estirar las piernas y a pasear a Rufo a las 14:20  solo habíamos recorrido exactamente 162 kms.  ¡ en cuatro horas ¡. ¡ Qué se le va ha hacer ¡  pues nada, aplicar la filosofía autocaravanista  y la ventaja de viajar en libertad.  Como no dependemos de nada ni de nadie, tranquilidad y buenas maneras y a disfrutar del viaje, a medida que nos acercábamos a Extremadura  aquello se fue convirtiendo en  todo un regalo. El paisaje extremeño estaba exuberante después del duro invierno que hemos sufrido, el rojo intenso de los troncos de los alcornoques, resaltaba del verde brillante de las dehesas y los prados.

   La primera vez que salíamos fuera de España con nuestra  AC. En ésta ocasión aprovechando la Semana Santa y dos días más que pude conseguir. No conocíamos a nuestros queridos vecinos, como estan tan cerca siempre lo hemos ido dejando para mas tarde. Era el momento y la circunstancia idónea para visitar Portugal. 

    Con estas premisas y no mucha información nos presentamos en la última gasolinera antes de cruzar la frontera llenando a tope el depósito ya que habíamos oído que allí la gasofa está bastante más cara. Tan es así que en dicha gasolinera eran legión los vehículos portugueses repostando, tanto particulares como camiones, vehículos de policías y sobretodo ambulancias.
    Transcurrieron los primeros kilómetros por la autopista portuguesa sin ningún incidente y cuando cogimos el ticket no sospechamos lo que nos esperaba.. Seguimos el viaje apaciblemente, con poca circulación, a medida que avanzábamos el paisaje  iba siendo cada vez mas verde, fijándonos en las pequeñas diferencias que íbamos observando como por ejemplo lo disperso de las poblaciones, muy alejadas unas de otras, y también en que son muy blancas, como si estuviésemos por Andalucía.  Observé en los paneles el cambio de hora, que no son de dos, sino solo una menos, ya que en nuestro país  habíamos entrado en el horario de verano. “Una hora menos en Canarias y Portugal”.

MAPA GENERAL DE PERNOCTAS ABAJO DEL TODO 

  Así llegamos a eso de las 20:45 a un área de descanso llamada Montemor-O-Novo y cual fue nuestra sorpresa cuando vemos un espacio reservado para autocaravanas con posibilidad de llenar y vaciar, mira que bien, ya empezamos a ver las diferencias entre nuestro querido país y nuestros vecinos con respecto al trato que otorgan al colectivo autocaravanista,  además estábamos completamente solos. Todo fantástico y tranquilo, solo algún vehículo que se detenía durante unos instantes e inmediatamente continuaban.

Viernes  2 de Abril

  Nos despertamos algo más tarde de lo que queríamos pero tampoco era ningún problema, aprovechamos para llenar de limpias y vaciar las grises porque íbamos a un área en Lisboa donde no hay servicios para las Ac. Todo el trayecto muy tranquilos y a buen ritmo viendo los pueblitos que se encuentran a los márgenes de la autopista y que nos sugerían para el futuro nuevos viajes y nuevas rutas. La excusa perfecta para volver en otra ocasión.
 Ya cerca de Lisboa anuncian el Portagem de la autovía. Teniendo en cuenta que son cerca de 200 Km, supondría un coste alrededor de veinte o treinta y tantos euros como mucho y hasta ahí no nos hubiésemos alarmado, pero cual fue nuestra sorpresa cuando aparece en el “display” de la cabina, nada más ni nada menos que 64,60 euracos del ala.  El joven de la cabina, muy amable, debió vernos la cara que pusimos y cómo me cambió de color, porque se empeñaba intensamente en explicarme en un perfecto portugués que la cuestión estaba en que el ticket de autopista tienen una duración limitada, solo doce horas, y a partir de ahí, caducan y te cobran el doble.  ¡ Toma castaña ¡ bienvenidos a Portugal.
    Primera lección internacional. Hay que viajar lo más informado posible y confieso que en esta ocasión  no me he empapado lo suficiente. La próxima vez  me prometo a mí mismo ser mas aplicado,  ya lo dicen los políticos, la información es poder. Pero además a Flor si le sonaba haber leído algo en los foros de AcPasión, hace ya tiempo,  pero de estas veces que vas buscando otra información y no prestas la suficiente a otros temas. Pues venga, tira “palante” que estorbas a los que están detrás.
    Nunca vienen  las cosas solas, por qué será ¿ estará Murphy por ahí?. A partir de aquí, lógicamente ya no se paga, y la circulación se intensificó notablemente, a pesar de eso, nosotros con nuestra filosofía, siempre  tranquilos y a localizar el área en Lisboa porque además en esta ocasión estrenábamos un flamante GPS así que bueno, uno se siente mas seguro apoyado por las nuevas tecnologías.


La entrada en Lisboa desde Badajoz es a través del famoso puente 25 de Abril,  aquí sí esperaba un peaje razonable, y así fue, sin embargo ya no es el tener que pagar sino la mala leche que llevábamos encima por sentirnos, con razón o sin ella, timados subrepticiamente por la letra pequeñita en el ticket, y que no figuraba en ningún otro sitio, …claro ¿cómo iban a anunciarlo con letras grandes en algún sitio? O en el área  culpable de nuestro desembolso desmesurado? No habría primos a quienes cobrar el doble.  Pero bueno, queríamos pasar página sobre este tema y nos centramos en la entrada a nuestro primer destino.
 Aparece el puente, majestuoso, el puerto a nuestra derecha  y el Tajo impresionante. A uno, automáticamente, se le viene a la memoria  la zona que conocemos como “el alto Tajo”. No parece el mismo río, con su pequeño caudal de aguas de color turquesa y sus paredones donde más de una vez hemos estado cuando los niños aún nos acompañaban en nuestra querida y nunca olvidada caravana ADRIA que nos robaron cuando preparando una salida la trajimos a nuestro barrio para cargarla y algún “amable vecino” de la Cañada Real, decidió que ya la habíamos disfrutado bastante tiempo. Bueno no puedo evitar seguir sintiendo rabia y continuar deseándole  a sus nuevos “propietarios” algo que no me atrevo a escribir por no escandalizar a nadie. 
 La desembocadura al mar a nuestra izquierda y yo mirando de reojo el monumento a los descubridores junto a la torre de Belém que se adivina a lo lejos y que es nuestro primer destino, vamos cruzando despacito con una congestionadísima circulación y a pesar de que se limita la velocidad a 70 km/h y se estrecha el ancho de los carriles, nuestros vecinos parece que no conocen el peligro de los radares ni la anchura del resto de vehículos.    Veo en los carteles indicativos nada mas cruzar el puente, una salida hacia el barrio de Belém, lugar donde se encuentra el aparcamiento para Acs junto al monumento a los Descubridores, pero nuestra “amiga” del GPS sigue diciendo…”continúe de frente, continúe de frente” y claro, ¿quienes somos nosotros para contradecir a ésta chica tan lista?. Pues seguimos, seguimos y seguimos, hasta que llegamos a otro peaje, paganini de nuevo, mosqueo, y decidimos parar porque tenía el destino configurado con peajes incluidos. Reconfiguro la ruta para que se excluyan los peajes en medio de un barrio estrechísimos en lo alto de una de las muchas colinas de Lisboa y seguimos ruta, pero me voy dando cuenta que cada vez nos aleja mas de lo que se supone es el centro. Mas kilómetros en dirección a Cascáis, ya por la costa, muy estrecho todo, y sigue y sigue hasta que nos mete por un barrio residencial de casitas bajas girando y girando por calles estrechas hasta que en medio de una de ellas nos dice, “ha llegado a su destino”. La cara que se nos quedó fue parecida a la del peaje. Ahí nos encontramos en ningún sitio, con siete metros de “bicho” y sin saber que hacer, porque evidentemente ése no era nuestro destino. Busqué un sitio mas despejado para aparcar (encima de una acera) y poder pensar con tranquilidad. No llevábamos mapa de Lisboa por lo tanto no tuvimos mas remedio que emplear los viejos sistemas de antaño para viajar. Intuición, orientación espacial, preguntando en Español y contestando en Portugués, afortunadamente sin problemas y así poco a poco nos fuimos acercando, primero hacia la costa y luego hacia Lisboa. El Gps nos situó a más de veinte kilómetros de nuestro destino y revisando las coordenadas, que las llevábamos impresas, las habíamos introducido correctamente. Simplemente eran erróneas como pudimos comprobar cuando, mas tarde, encontramos por fin el sitio correcto. Circulando por la costa conseguimos ver de lejos estos dos monumentos y no nos resultó excesivamente complicado acceder al lugar, pero todo “a la vista”, como unos valientes, por fortuna es relativamente fácil entenderse con los letreros de tráfico.

MAPA GENERAL DE PERNOCTAS ABAJO DEL TODO


 Así pues llegamos a la entrada a éste  monumento pero lo que si era monumental fue el atasco tan impresionante que había de autocares y toda clase de vehículos curiosos que en esas fechas los sacan para los turistas.  Viernes de Semana Santa y a media mañana. Todo hasta la bola. Antes de entrar me paré junto a un autocar que también estaba en doble fila para acercarme caminando hasta el lugar del parking y lo que intuíamos. Ni un sitio. Pero lo malo es que se supone que son plazas reservadas para autocaravanas y eran los turismos los que habían colapsado el parking. Vuelta a la improvisación. Continuamos un poco más adelante para evitar el caos de ése lugar y entre los dos famosos monumentos pude situarla aparentemente bien “aparcada”.


  Bueno pues aquí estamos. Por fin¡. Nos bajamos tranquilamente sin preocuparnos en exceso por el sitio de pernocta. Salimos a pasear y ver todo el entorno que a pesar de tantísima gente por todas partes era muy agradable y bonito. Espacios abiertos junto a la desembocadura del Tajo, muy bien cuidado en contraposición a lo que veríamos posteriormente. Imposible acceder al interior del monumento a los descubridores, colas interminables; para estar allí toda la mañana. No obstante se respiraba  un ambiente apacible y muy agradable. Muchísimos españoles.
 Se hacía tarde y nos empezamos a sentir hambrientos, por  lo que decidimos que merecía la pena intentar nuevamente buscar un sitio en el lugar que teníamos previsto ya que es el que está autorizado para la pernocta. Veíamos gran cantidad de autocaravanas aparcadas en lugares donde figuraba claramente la señal de prohibido aparcar y pernoctar.


  Otra vez “a la vista” tuvimos que continuar de frente y encontrar la forma de dar la vuelta, cosa que se nos dio bastante bien, y afortunadamente esta vez sí que había sitio. La gente se había ido a comer y dejaron lugares para varias autocaravanas con lo que conseguimos colocarnos en un sitio precioso, junto a unos franceses a un lado y al otro una camper de dos chicas alicantinas, mirando al puente y a la desembocadura.. Ideal aún a pesar del “gorrilla” que como siempre “te ayuda a aparcar”. Los gestos con los brazos no necesitan traducción. Ahora si que hemos llegado a Lisboa.
Aunque ya era tarde, comimos tranquilamente disfrutando del sitio y de la sensación de encontrarnos bien situados y dispuestos para conocer esta ciudad que tanto nos apetecía.
Como única referencia llevábamos una revista de viajes con un monográfico sobre Lisboa y aunque orientaban toda la información a base de Hoteles y Restaurantes de moda, sí nos sirvió como el primer paso para empezar a movernos con soltura. Por lo tanto, nada mas terminar de comer salimos caminando por todas las “doca” hacia el centro. Buscábamos el tranvía nº 15 que a lo largo de toda la ribera te acerca hasta la estación de Santa Justa, junto al barrio de Alfama, uno de los principales objetivos a la hora de visitar Lisboa.
 Anteriormente cuando llegamos al parking donde estacionamos la autocaravana, ya nos había llamado la atención el monumento que se veía hacia el interior, por lo que allí nos dirigimos cruzando la doble calzada y las vías del tren por un subterráneo, y nada mas llegar a los jardines que hay justo enfrente, nos quedamos enormemente impresionados. Se trata del Monasterio de los Jerónimos. Nadie puede pasar por allí sin acercarse a visitarlo. Entramos solo a la iglesia ya que la visita al resto del Monasterio era por grupos concertados y ya era tarde.
 A pesar del gentío existente, nos causó una gran impresión, no por sus magnitudes, que suele ser lo habitual en estos monumentos, sino por la diferencia con lo que veníamos viendo en nuestras últimas visitas por tierras castellanas. El estilo “gótico manuelino” se hace presente en todo su esplendor. Mas bien de medidas contenidas pero muy rico en su ejecución. Especial mención merece la entrada con el techo bajísimo pero muy ornamentado en contraste con la esbeltez  de la nave central Y como casi siempre también se encuentran allí las tumbas de venerables personajes. El famoso Vasco de Gama junto a otros reyes, nobles y clérigos renombrados.


  Después de ésta gratísima primera impresión nos dirigimos a buscar el transporte hacia la estación de Santa Apolonia. Previamente habíamos conseguido unos planos de los “carris” lisboetas en un puesto de información en la plaza de Los Jerónimos, pero aquello era endiabladamente confuso, imposible de descifrar. Flor decidió preguntarle directamente a un paisano y nos indicó donde se cogía el “veintioito duplo”, lo que resultó ser el autobús 28 y que era doble. La parada era un auténtico hormiguero donde coincidían varias líneas tanto de autobuses como de tranvías y sin una fila para cada medio de transporte. “Donde fueres, haz lo que vieres.” Y adentro sin contemplaciones, poniendo pinta de despistados. Cobraba el conductor, 1,40 € billete sencillo.
 El trayecto nos fue dando una idea de cómo se circula por Lisboa, bastante caótico pero además transcurre por una zona bastante abandonada, bonitos edificios  pero muy mal conservados, la tónica general que poco a poco fuimos descubriendo.
 La estación de Santa Apolonia pensé que era la que aparecía en todas la fotos y nos decepcionó nada mas bajar del bus, aparte de todo el entorno portuario bastante sucio y en obras, además se había encapotado la tarde y el aspecto era muy tétrico. Con el plano de los transportes en la mano nos sirvió como guía para encaminarnos por Alfama y empezamos a subir por las calles cercanas a la estación y al azar.




Todo empedrado, todo cuesta arriba, calles reviradas casi sin gente, estrechísimo todo. De vez en cuando grupos de vecinos a las puertas de las viviendas o tertulias en pequeñísimos cafetines con solo una o dos mesas en la puerta. Nos tranquilizaba un poco ver alguna pareja de turistas que como nosotros deambulaban dando trompicones por los adoquines con la cámara en ristre buscando retener esos rincones “que nadie conoce”. Subiendo y subiendo, sin prisas como siempre, nos topamos de repente con el sonido inconfundible del campanilleo de los tranvías, y efectivamente, por calles impensables, detrás de una curva que al mismo tiempo que sube también baja aparece el símbolo de Lisboa, amarillo por supuesto, dando trompicones en cada curva, zarandeando a los pasajeros haciéndoles mover la cabeza de un lado a otro del propio tranvía como si quisiera asomarles por  las ventanillas de ambos lados para que no se pierdan un solo detalle del trayecto.


  El primer encuentro con los tranvías fue gratísimo y parecíamos unos críos cuando descubren un tío-vivo, nos dimos cuenta que no éramos los únicos turistas que se afanaban en inmortalizar el paso del símbolo por antonomasia de Lisboa. Verdaderamente es digno de verse como circulan mezclados con los turismos entre semejantes calles y sobre todo con los coches que se encuentran aparcados sabiendo que les van a pasar a centímetros de la chapa, y eso lo hemos visto en directo. Fotos y fotos a mansalva. Seguíamos deambulando sin una meta prefijada pero intentando no perdernos lo más significativo. Nos llamó mucho la atención los tejados de toda la ciudad en donde crecía vegetación por todas partes, como si fuesen maceteros pero se trata de vegetación natural que crece espontáneamente, nos imaginamos que por el abandono por una parte y el clima húmedo por otra. Lo pudimos observar no solo en las casas mas viejas y humildes de Alfama sino también en los edificios señoriales del centro .


“Los miradouros” situados en sitios estratégicos. Miradores que ofrecen unas vistas siempre espléndidas y un sitio idóneo para descansar y contemplar la ciudad desde lo alto con los tejados asomados a la desembocadura del Tajo y desde donde se detecta el pulso de la ciudad cuando poco a poco va anocheciendo. Es en esos momentos, como en tantos lugares, cuando aparece otra ciudad. Se transforma radicalmente. Lo que de día se ofrece viejo  y casi derruido, con las luces artificiales y el bullicio de la gente cobra un aspecto casi mágico y todo parece diferente. Lo que a la luz del día es viejo , de noche se antoja moderno y con vida.


Fuimos descendiendo siguiendo el trayecto del tranvía número 28, el más clásico, nos asomamos por la curva de La Catedral de “La Sé” y a esas horas de la tarde-noche eran legión los turistas haciendo fotos en el lugar estratégico. Sin desmerecer nada de esa bella estampa, a nosotros nos llamó más la atención un árbol increíble que junto a la acera estaba protegido por un vallado metálico por como había engordado y como se había retorcido entre la calle y los balcones. La propia acera se había quedado casi sin espacio y teníamos que caminar invadiendo la calzada. No me imagino en una ciudad como Madrid, semejante “detalle” con estos personajes que nunca se quejan, cual hubiera sido su destino muchos años antes, seguramente alguien hubiese hecho desaparecer tan bello ejemplar aludiendo que impedía el paso o cualquier otro motivo.


Esto nos hizo apreciar el gran mimo con el que los portugueses  cuidan sus espacios verdes y confirmamos esta sensación posteriormente a medida que fuimos conociendo rincones y entornos de Portugal.  A estas alturas del recorrido se me agudizó un problema que me venía incordiando desde que salimos de Madrid y son esas circunstancias que te pueden marcar un viaje. Se trata de un molestísimo callo que padezco en el talón del pié derecho justo en la zona que apoya en el suelo al ir conduciendo y como es el del acelerador no lo puedo cambiar de postura. Después de conducir tantos kilómetros el problema se incrementó hasta tal punto que el dolor empezó a ser importante, ya no solo al conducir, sino al caminar y simplemente estando en reposo. Imaginaros entonces como llevaba el pié después de recorrer todo el barrio de Alfama, subiendo y bajando por aquellas calles adoquinadas (prohibido visitar Lisboa con tacones ). No tenía mas remedio que ir sentándome siempre que podía. Como digo, la ciudad cobra otro aspecto al anochecer. Los Fados sonaban desde el interior de los restaurantes y cafeterías  donde se anunciaban actuaciones en directo. El ambiente callejero era muy agradable y nos llamó la atención una tienda de venta de productos típicos de Lisboa que habían sido unas antiguas caballerizas del s. XII. El suelo era cóncavo y la superficie estaba construida con unos pedruscos desgastados por los siglos, en el lugar que en su tiempo correspondió a los pesebres, habían instalado con exquisito gusto una serie de esculturas, libros y objetos de regalo, el resultado final era muy original y agradable. Compramos de recuerdo una bonita baldosa de  cerámica lisboeta.


 Ya se iba haciendo tarde y nos encontrábamos cansados de un día tan ajetreado, además el tema de mi pié me empezó a preocupar en serio. Decidimos buscar el tranvía nº 15 aprovechando que habíamos bajado hasta la Plaza del Comercio y regresar  “a casa“. Al contrario que en el autobús, en el tranvía, que era de los modernos, se adquieren los billetes en una maquina expendedora en el interior y observamos que nadie deja de hacerlo aún a pesar de que en ningún momento vimos a ningún agente que controle si llevas billete o no, algo que dice mucho a favor de la gente . Un numeroso grupo familiar de españoles se pasaron todo el trayecto averiguando como se pagaba y buscando monedas entre los bolsillos de todos los integrantes para ir adquiriendo los billetes hasta tal punto que terminaron la operación cuando ya se tuvieron que bajar. Luego dirán que no somos cumplidores. Cuando nos bajamos en la plaza de Los Jerónimos el monumento estaba iluminado y el aspecto que había en todo el entorno era espectacular. Ya casi sin gente, los espacios muy amplios y junto al mar, bellísimo. Por lo cansados que nos encontrábamos y por el dolor del pie fuimos caminando muy despacito hasta la auto, a pesar de ello, disfrutamos del  paseo.


  El lugar de la pernocta como he dicho antes, es francamente precioso, las luces del puente reflejándose sobre el Tajo junto a  la torre de Belém sin gente le daban un aspecto romántico. Después de una tranquila cena, el  paseo a Rufo y  contemplar  la noche iluminada y silenciosa fue un colofón perfecto para este intenso día.

SIGUIENTE DESTINO.. LISBOA y ALREDEDORES (2) Semana Santa 2010


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3 comentarios:

mega dijo...

por finnnnnn tenemos blog, ahora podre disfrutar de algo que ya no puedo hacer, la familia se me ha vuelto comodona y los hijos viajan con otras compañias en fin......
Portugal es un destino que esta en mi lista de visitas y ademas me encanta el fado.
Me alegro que lo pasaseis tan bien siento un poquito de envidia al ver las fotos ,abrazos.

elviajerosinprisa dijo...

Mega:Lo de los hijos es una etapa mas, y lo mejor es asimilar lo mejor posible que se hacen mayores y es otra etapa mas, así que levantad las posaderas del asiento y no lo dejéis para mas tarde, ya sabes lo que dice el refranero.
Abrazos

Anónimo dijo...

QUE BUENO ESTOS BLOGEROS QUE NOS PONEN LAS COSAS MAS FACILES A LOS DEMAS CUANDO QUEREMOS VIAJAR, A SEGIR VIAJANDO Y ESCRIBIENDO. QUE VIVAN LOS AUTOCARAVANISTAS.

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